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sábado, 10 de noviembre de 2007

>> Dinámica Nº 3 - Juegos sin Jaula

>> DURANTE


La dinámica que hemos llevado a cabo en clase consistía en una lluvia de ideas. Debíamos anotar cualquier cosa que se nos viniese a la mente mientras la profesora iba leyendo este pequeño texto:


El mundo parece una jaula. Quizá por eso fuimos educados en jaulas. En la puerta de las jaulas desapareció la J para despistar y convencernos de que lo allí aprendido era para nuestro bien. Así aprendimos a ser gentes de provecho... Más bien nos aprehendieron para servir de provecho. Cada uno desde su jaula. Menos mal que los ratos de (j)aula estaban compensados con las libertades del re-creo. Allí podíamos crear, inventar y ser señores de nuestros juegos. En la (j)aula te enseñaban a ser "como Dios manda". En el recreo mandas tú como un dios: creas y destruyes cada poco un nuevo juego. Porque importa jugar y no el juego en sí. En la (j)aula importa que el juego no cambie y de unos a otros se hereda todo como inamovible: seriedad es ser hechos en serie y que el proceso entero, del comienzo al fin, esté reglamentado. Cuando jugamos los adultos apenas nos atrevemos a recuperar el recreo. Inventar, divertirse, improvisar, ser banal, ser espontáneo es una auténtica reconquista de la madurez. Incluso, si jugamos, se hace en espacios y tiempos bien señalizados, como con pudor. Para que nadie crea que somos así. Estamos de broma, es un juego, es un cursillo sobre el jugar. Es una excepción al estado de seriedad habitual.

El juego está enjaulado... ¿Quién lo desenjaulará? El desenjaulador que lo desenjaule... Como dios lo pasará (¡palabra!)



Esto es lo que se me pasó por la cabeza haciendo esta actividad:






>> DESPUÉS


Esta dinámica me ha hecho reflexionar sobre dos aspectos fundamentalmente:


El primero de ellos, relacionado con la primera parte del texto, es el tema del aula como una "jaula". Es una buena metáfora, en realidad, es cierto que podrían ser consideradas como tal, puesto que, para empezar, todos entran en la jaula aún sin querer entrar y no pueden salir de ella aunque quieran dejarla. Dentro de ella, todos son formados para ser lo mismo, para conseguir los mismos objetivos, para convertirse en personas de provecho que sirvan a la sociedad, quizás ni nos demos cuenta de ello mientras estamos dentro de la jaula, quizás para cuando hayamos salido ya seamos lo que ellos querían que fuésemos. Todo esto me hace pensar sobre qué tipo de personas forman hoy en día en las escuelas de nuestro país, si realmente tantos años enjaulados sirven para algo, o si sirve para sólo unos pocos. Me hace pensar sobre si realmente existe el respeto a las diferencias o si se pretende conseguir que todos seamos como deberíamos ser para bien de algunos, si nos están manipulando sin apenas darnos cuenta y en el fondo seamos todos mucho más parecidos de lo que creemos.


El segundo aspecto tiene que ver con el final del texto, sobre los adultos y el "juego". Es verdad que en la sociedad en la que vivimos, las apariencias son muy importantes, y queremos dar una imagen a los demás de como creemos que debemos ser. Yo pienso, como dice el texto, que los adultos no se atreven a jugar, a improvisar, a crear, se limitan a vivir la vida bajo esos parámetros que están marcados, se dejan llevar por la rutina y por la rectitud que se supone un adulto debe tener. Pero personalmente creo que también deberían tener su tiempo para el juego, para desconectar, para sacar ese niño que todos llevamos dentro, porque quizás sea la mejor forma de vivir la vida, con los ojos de esos niños que un día fuimos.

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